A Returning Client Experience
Volví a I-Networkz casi un año después de la primera instalación, cuando el taller pasó de cuatro a once puestos de trabajo. La reseña anterior la escribí con el switch de 8 puertos recién montado y todavía con dudas sobre si la VLAN de invitados iba a aguantar el uso diario. Esta vez el encargo era distinto: reemplazar dos puntos de acceso viejos, reordenar el rack y dejar documentado el direccionamiento antes de que entrara el nuevo personal.
Lo que noté al volver fue la continuidad del criterio. No me vendieron un router Wi-Fi 6 más grande solo porque ahora había más gente. Primero midieron interferencia en 2.4 GHz con un analizador, revisaron los canales saturados por los vecinos y recién ahí propusieron mover el AP principal al centro del techo. El cambio de ubicación resolvió más que cualquier equipo nuevo: la caída de paquetes en la zona de lijado bajó de forma clara, y eso que el AP es el mismo modelo que ya tenía.
El detalle que más valoro es la parte aburrida. Me dejaron un archivo con el mapa de puertos del patch panel, los nombres de cada VLAN y las credenciales separadas por rol. En la primera visita eso quedó a medias y lo sufrí cuando se quemó una fuente. Ahora cualquier técnico que entre al rack entiende el orden en diez minutos. También ajustaron el firmware del switch a una versión estable en lugar de la última publicada, algo que yo no habría sabido decidir sola.
No todo fue perfecto. La segunda visita se reprogramó por un tema de stock del tester de certificación, y la documentación del cableado Cat 6 llegó dos días después de la instalación física. Tampoco insistieron en certificar los tramos nuevos cuando el presupuesto ya estaba ajustado; me explicaron qué se podía verificar con un tester de continuidad y qué quedaba pendiente para una futura certificación formal. Prefiero esa honestidad a un informe inflado.
Si tuviera que resumir la experiencia como cliente recurrente: el valor no está en el equipo que instalan, sino en que la segunda vez entienden tu red sin empezar de cero. Eso, para un taller que no puede parar la producción, pesa más que cualquier ficha técnica.